domingo, 20 de septiembre de 2009

Danza etérea

El aire tenía un sabor distinto. Las tenues e incomparables melodías del universo resonaban al ritmo de los latidos de su corazón. El palpitar indisoluble sin el cual la vida es imposible se había convertido en el director de su orquesta interior. Su cuerpo entero vibraba ante y junto con la tenue brisa teñida de color púrpura por el ocaso inminente.

Anochecía, pero su alma entera se había convertido en la danza inmortal de la siguiente mañana. La naturaleza a su alrededor le observaba y poco a poco se unían a la orquesta. Poco a poco sus almas comenzaban también a convertirse en la danza.

Las manos estiradas al cielo en un vaivén infinito querían alcanzar las estrellas que le sonreían con su diminuta y sin embargo imponente presencia. Su mente se disolvía y sus memorias eran desparramadas por doquier. El viento circundante no era más que un libre mensajero de las almas que se habían reunido. Aquella noche la danza era lo único que importaba.

El trance continuaba y, segundo a segundo la intensidad se condensaba desde el éter y tomaba presencia, tomaba forma, color y cuerpo. Su dulce aroma invadía y salpicaba a todas las mentes allí presentes. Los cuerpos se desvanecían en el vaivén de la música interior.

La luna comenzó a cantar y, aunque distante, se oían sus ecos y sus resonancias. La pradera circundante retumbaba con el latido del planeta.

El éxtasis supremo estaba al alcance de la mano y el inconsciente colectivo era el que mediaba para que todos los presentes estuvieran allí en suprema armonía. La fusión era inevitable.

La noche continuó con sus aromas exquisitos y los cantos sublimes. La danza nunca se detuvo.

Llegó la mañana. La luna se retiró y dejó paso a su abrasador hermano el Sol, para que iluminara infinitamente a los allí presentes.

Al llegar la mañana, la música se detuvo, la orquesta comenzó a desbandarse lentamente.

Pero la danza….

La danza no se detuvo.

Nunca podrá ser detenida.

La danza eterna de las personas para con el mundo.

En cada mirada hay una llamada. En cada brisa hay melodías por ser oídas. En cada sentido hay un propósito por ser encontrado.

Danzad,

Que es en la danza con uno, donde uno alcanza el infinito.