sábado, 30 de mayo de 2009

Extraño

"... y en una madrugada fría y húmeda dos colectivos semi vacíos se detuvieron uno junto a otro en un semáforo. Miré por la ventana y vi el rostro de una persona desconocida. Me miró a los ojos y sonrió cálidamente. Envió un beso volando en mi camino y nuestro encuentro llegó a su fin. El semáforo cambió y los colectivos siguieron su curso, desparejos. Ansioso esperé el momento en que los colectivos frenasen uno al lado del otro nuevamente. Y cuando lo hicieron, ella ya no estaba allí...."

Creo que tuve la suerte de cruzarme con un ángel.
Si no fue eso, no sé qué más puede haber sido.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Azul

“…Él caminaba, somnoliento y meditabundo por los oscuros rincones de lugares desconocidos. Su mente no hallaba paz, su cuerpo pedía un descanso.

Imágenes de vidas pasadas, de fortuitos y memorables encuentros hallaban un túnel invisible hacia el presente. Él ya había caminado por aquellos lugares. Él sabía lo que esperaba a la vuelta de la esquina. Y, sin embargo, en la maraña confusa que se había vuelto su memoria, no lograba distinguir, no lograba discernir. Las imágenes, los sonidos, los aromas, daban vuelta por su sistema nervioso en forma de pequeñas descargas eléctricas. Y él sentía cada una de ellas. Tantas sensaciones juntas lo habían entumecido.

Una voz en su interior le decía que debía proseguir con su paso de forma decisiva, sin dar lugar a las dudas, y hacer caso omiso de los pasos ya recorridos. Así que, aferrándose a sí mismo, a esa indisoluble parte de su ser que aún permanecía, continuó, bajo una fría y húmeda noche de invierno.

Caminó entre las calles y buscó entre los rostros distraídos de los transeúntes signos de reconocimiento, buscaba entre ellos a amigos perdidos, gentes que había olvidado pero que quizás le recordaran y quizás le ayudaran a señalar el camino. Al cruzar miradas con la gente que pasaba notó algo extraño, creyó verse reflejado en todos y cada uno de ellos. Vio las veredas y las calles llenas de sí mismo, de otros él que caminaban, distraídos y perdidos, sin saber a dónde ir, ni cómo llegar.

Siguió entonces a esa voz interna, esa que era suya propia y que lo distinguía de los demás que caminaban a su lado. Aún en la ignorancia, sentía que se dirigía hacia algún lado, desconocido en el presente, pero que había visitado en el pasado. Las imágenes y sonidos del pasado y el futuro venían a él como una marea implacable que destruye todo a su paso. Ya no sabía quién era, ni cómo había llegado allí. Sintió su ego debilitarse, sintió que le faltaba egoísmo interno para poder diferenciarse y obtener aquellas cosas que quería o necesitaba.

De repente, los rostros de los demás se convirtieron en máscaras que se derretían con cada paso y chorreaban en el interior de su alma. Absorbía sensaciones y visiones con una rapidez que lo asustaba. Todo esto no hacía más que aumentar su confusión. Desesperado, cerró los ojos y dejó que su voz lo guiase a donde fuese que se suponía tenía que ir.

Sus cavilaciones no tenían sentido alguno, era él y no era él. Era una mezcla impura de muchas almas y personas, de muchos él que antes habían sido, de muchos él que estarían por llegar.

Cuando notó a su cuerpo distenderse y frenar el paso, se concentró en su entorno, aún con los ojos cerrados. Notó la ausencia de sonidos, la ausencia de imágenes y aromas. Su cuerpo se distendía y los pensamientos en formas de palabras dejaron de correr por unos instantes.

Con un esfuerzo sobrehumano logró abrir los ojos y mirar al exterior.

Se desesperó al notar que no lograba ver lo que tenía delante. Estaba seguro de haber abierto los ojos, de estar forzando una concentración sobre un punto. Pero allí, no había nada.

No había personas que caminasen, no había árboles que estuvieran perdiendo hojas, no había automóviles que recorrieran el lugar. No había color, no había aves, no había vida.

El fuego azul comenzó a correr por su cuerpo, la combustión instantánea de su ser era inminente.

Primero los pies encendieron en llamas y su temperatura comenzó a elevarse mientras las lenguas ígneas se abrían cual fauces para devorarle. El azul purpúreo lo envolvía por completo, había subido hasta su torso y comenzaba a arderle el corazón. Sus manos, llagadas antes por la ausencia de tacto ahora comenzaban a esfumarse y a fundirse con el entorno.

Gritó de dolor. Gritó como hacía tiempo no lo hacía.

Sus lágrimas eran evaporadas por aquel fuego que había surgido. La nada lo llamaba, la nada lo esperaba.

Cayó al suelo mientras la cara le ardía. Sabía que intentar apagar aquellas llamas carecía de sentido. No le restaba más que abrazar su destino, y desaparecer.

En medio de la oscuridad estiró su brazo, buscando con su mano a una persona invisible que allí no se hallaba. El vacío sonreía jocosamente ante su sufrimiento.

En sus últimos momentos sintió algo. Su mano era estrechada por algo, o por alguien. No llegaba a discernir. Sus ojos estaban arruinados, su percepción destruida.

El fuego azul buscaba su redención.

Algo le estrechaba la mano con fuerza, en un intento de que el fuego y los monstruos internos se disiparan.

Pero el fuego azul siguió ardiendo, y su ser se disolvió en el vació que es el todo.

El fuego azul siempre arde, y siempre arderá.

Siempre.

Azul, inmutable.

..”

domingo, 10 de mayo de 2009

Answer

.....
And I'm on my knees
Looking for the answer
.....