domingo, 29 de marzo de 2009

domingo, 22 de marzo de 2009

Zing Boom





@_@ :P
:)
:O
xD
-_-'
O.O

....

Qué locura que tengo encima.

lunes, 16 de marzo de 2009

180º o (Un psicólogo se haría un festín con mi cabeza)



Me gustás.
Me hacés flashear.
Me atraés.
Me hacés sonreír.
Me hacés reir.
Me haces creer.
Me movés el piso.

Sí, lo sé, soy un cagón.
¡La reputísima madre!

sábado, 7 de marzo de 2009

Roto

Basta.
Basta.
Basta.

No sé por cuánto tiempo más mi cuerpo pueda aguantar. Como si algo serpenteara por debajo de mi piel queriéndose escapar, queriendo expresarse o simplemente quebrar mi voluntad.

Hace unos días terminé por darme cuenta de una incongruencia, incompatibilidad, inconsistencia terrible dentro de los preceptos que rigen mi forma de pensar, mi forma de vivir y ver la vida.

Esto es un problema de lógica dentro de mi máquina pensante, de esa cosa viscosa que se aloja en el interior de mi cráneo y que es lo que me hace latir, lo que me permite escribir y expresarme de esta forma, lo que me hace ver belleza donde otros ven desdicha o lo que hace que sienta, en extensión, cómo las yemas de mis dedos se apoyan suavemente sobre el teclado mientras escribo.

¿Cuál es el problema? Se preguntarán ustedes al haber leído ya esta pseudo-melodramática introducción.

El problema es que ya no creo en el amor.

No, ya no creo en eso sobre lo que tantas veces escribí, ya no siento la dicha ni la esperanza de encontrar una sensación similar. Sólo siento un vacío al leer mis escritos anteriores sobre el tema, al ver a dos personas caminando de la mano, al presenciar un beso en los labios.

Ya no siento que el amor sea la esencia que hasta hace un tiempo movía mis acciones.

Lo más dramático de todo este asunto es que, por más que en el presente tenga esta sensación terminal, no puedo eliminar uno de los preceptos básicos que tengo grabado a fuego en mi “alma”, y éste es que “la vida sin amor, no es vida”.

Entonces, me pregunto. Me pregunto qué es lo que haré de aquí en adelante con esta nueva perspectiva, qué es lo que he estado haciendo hasta ahora y qué será de mí con este vacío que ya ni lágrimas me permite derramar.

Ya no veo tampoco indiferencia, ni desdén, ni envidia. Hay un vacío, un eco que retumba, un niño que se ha cansado de gritar y gritar y buscar alguna salida del hueco en el que ha caído. Se ha cansado de buscar, de esperar, de añorar.

En esta existencia, donde nada importa, nada permanece, ya no logro distinguir aquellas cosas que me hacían sentir seguro, que me hacían despertar por las mañanas sonriendo.

Ya no siento la calidez de mi cuerpo. Donde antes el latido era un resonante “pum… pum…pum…”, ahora hay un vacío.

Ya no siento el calor, tan sólo el frío.

Cada paso se hace más difícil que el anterior pues, bajo el precepto antedicho… todo se vuelve borroso, como cuando la visión se multiplica y de repente uno ya no puede enfocar el camino.

Ver personas, hablar con ellas y sentir que no tiene punto alguno compartir ninguna intimidad con ellas.

Ciertamente, el vacío.

¿Estoy vivo si no hay amor en mi vida? ¿Lo estuve alguna vez? ¿Lo estaré?

Hasta preguntarse ya no tiene sentido.

El calor, el frío…. el vacío.

¿Qué quedará de mí?

jueves, 5 de marzo de 2009

Lo que hace la facultad con la felicidad de uno



Y sí, este grafiquito del orto me hizo feliz. Muy feliz.
En base, es la modelación del campo magnético de un imán cilíndrico usando un programa muy copado que le permite a uno hacer estas cosas.
Pero para mí, fue vencer la frustración de aprender a usar el programa lo que me hizo feliz.
Dios, lo que hace la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA con uno...
jej