lunes, 23 de febrero de 2009

Paloma mensajera

Caminar lo hacía sentirse más tranquilo. Ver la gente al pasar ensimismada con sus propios problemas y sus propias mañas de alguna forma lo hacía detectar un cierto aire de reciprocidad en el ambiente.
Seguía él ensimismado, cavilando y haciendo girar los engranajes que le movían a hacer esa cosa que la gente llama “pensar”. Siempre iba “pensando” de alguna forma u otra, aunque por lo general armaba en su mente debates con personas conocidas sobre algún que otro tema, en cierta forma preguntándose qué pensaría tal o cual persona sobre algún tema en particular.
Su lento y rítmico andar daba en los demás la falsa impresión de que se hallaba tranquilo, mas su nerviosismo era interno, un agitado monstruo que reptaba en su interior carcomiéndole las pocas sensaciones que le quedaban. Su lengua apretada contra el paladar, un indicio invisible de un alto grado de intranquilidad que nadie nunca notaría.
El perfume de las flores inundaba el parque, las palomas revoloteaban y buscaban por aquí y por allá piadosos transeúntes que les proporcionasen migajas o semillas o alguna especie de sustento para sus abandonados cuerpos.
Caminó hasta encontrar un lugar apartado en el cual observar la puesta del sol, un balcón que llamó su atención, desde el cual la vista era gloriosa. Fijó su mirada en el cuasi horizonte de la enorme ciudad hasta que una paloma solitaria se posó a su lado.
Aquel era un comportamiento extraño en aquellas aves que suelen moverse en grupos y no suelen acercarse demasiado a las personas. Una especie de miedo instintivo o respeto adquirido por los parásitos mayores de este planeta.
El animal emitía su sonido gutural con una tranquilidad que le pasmaba. Él fue partícipe de aquel extraño suceso mientras el ave parecía recorrer en círculos el lugar donde él se hallaba. Con cuidado, extendió su mano para ver si el ave se atrevía a posar sobre ella.
Y, extrañamente, el ave se acercó hasta tocar la punta de sus dedos para luego salir volando a toda prisa.
“Extraña ironía”, pensó él. Y siguió observando el ocaso, sin extrañarse demasiado por el comportamiento de la paloma.
La paloma voló, y el sol se puso.
Y así terminó otro día.

Él tan sólo se preocupaba por llegar al siguiente.

viernes, 20 de febrero de 2009

Visceral

Todo forma parte.
El ansia,
las vísceras,
el deseo.

Todo;
todo forma parte.
Parte del coro,
discordante.

Nada importa,
nada permanece.

El ansia, el deseo...
se desvanecen.

martes, 10 de febrero de 2009

La llamada



Los espíritus oyen la llamada.


El toque, la pasión, la efervescencia.


El latido resuena.


La caverna, el eco.


La sombra etérea ilumina,


las paredes se resquebrajan.


Nada permanece, nada importa.


Sólo el latido. sólo la llamada,


permanecen.