viernes, 19 de septiembre de 2008

La persona, la imagen y el espejo

Llegó un punto en su vida, hacía tiempo ya, en el cual las nociones que otrora tenía arraigadas en su sistema se vieron afectadas por varios encontronazos con personas cercanas. Sus prejuicios le habían privado de la posibilidad de ver las cosas con claridad y apreciar la belleza que lo rodeaba y que poseen internamente todas las cosas.
La barrera entre su mente y su persona hacían de él un ente que existía pero no vivía.
La respuesta que él mismo se dio a la eterna pregunta paradójica de cuál era el sentido de la vida fue cambiando y, con el tiempo, modificándose, transformándose. Fue mutando, evolucionando, hasta ser lo que es hoy día, en él, la respuesta y en él, la persona.
Donde antes emitía juicios y se creía completamente capaz de marcar y demostrar a los demás dónde se equivocaban, ahora veía bellezas internas, sonrisas, miradas, gestos emitidos que pasaban desapercibidos hasta para las propias personas que los emitían.
Con el tiempo, con esa transformación que tanto dolor, lágrimas y conciencia llevó a contraerle halló, sin esperárselo, aquello que hacía mucho buscaba: la capacidad, o mejor aún, la habilidad de poder apreciar la belleza en la simplicidad de las cosas.
Logró adueñarse y hacer sentir propios ciertos eventos en su vida, ciertas decisiones que hasta determinado momento fueron ejercidas en su nombre. Ya no había un tercero guiándole el camino, no había nadie que tuviera la capacidad de decirle qué hacer, cuándo hacerlo o cómo.
Se halló, por aquel tiempo, en una especie de remolino interminable, una vorágine de sensaciones que lo hicieron sentir como un recién nacido. Comenzó a descubrir lo que era vivir, y a descubrir quién quería ser él, como persona, en esta vida.
Fue un largo y arduo proceso que duró aproximadamente dos años y medio, desde que abandonara, con miedo e incertidumbre, el lugar al cual toda su vida había conocido como hogar, como refugio, como guarida.
Su llegada a nuevos lugares, a nuevas experiencias y nuevos mundos logró abrirle puertas y ventanas hacia lo que con el tiempo comenzaría a llamar su nueva “casa". Compartió en todo ese tiempo de incertidumbre y descubrimientos muchos momentos agradables (y unos pocos que no lo fueron tanto) con la gente que tenía cerca y, de a poco, logró abrir su corazón hacia nuevos rostros que fueron apareciendo a lo largo de su interminable recorrido.
De esta manera logró crear lazos que antes creía imposibles, logró superar vacíos y precipicios en su interior que hasta entonces creía insondables. Poco a poco, la brecha, la sombra que hasta entonces había personificado fue formando a esa imagen que él tenía en su mente, a esa persona en la que se quería convertir.
Uno de los últimos eventos fulminantes en este proceso de cambios lo sufrió a raíz de un enamoramiento inesperado pero infalible una vez que asestó Cupido su flecha hace ya casi un año. Una especie de fantasía insana, debido al grado de no correspondencia que se reflejaba en el rostro de la otra persona. Durante meses sufrió por no poder decirle nada, sufrió y se dio la cabeza contra las paredes al no saber qué hacer con ese amor extraño y esa sensación de desesperanza que tamaña situación conllevaba.


Hasta que un día, el enamoramiento, pasó.


Esa sensación de nerviosismo y de sentirse desamparado lo abandonó completamente, mas era claro en él una cosa, muy importante, y la cual creía crucial en los eventos que habían estado sucediéndose hacía tiempo: el enamoramiento bien podría haberse esfumado, pero el amor, permanecía.
Sí, amaba y amo a esta persona, sin restricciones, sin desesperanza, y sin ningún sentimiento maligno que logre mancillarlo. La bondad y la felicidad que el amar a otro conlleva es una sensación que difícilmente se pueda explicar en palabras.
Aún sin ser correspondido, este era en él un amor que lo hacía sentirse feliz, incluso sabiendo que nunca jamás existiría la posibilidad de que él y la otra persona estuviesen juntos. Es más, ya no le interesaba estar junto a esa persona como su amante, sino que tan sólo veía la felicidad reflejada en sí mismo de poder compartir con la otra persona un largo trecho en el camino.
Una vez rota la maldición de un amor no correspondido, y aún teniendo en cuenta todos sus cambios anteriores, poco a poco, en los meses que quedan tras este hecho en este relato, la distancia entre la imagen que tuvo sobre la persona que quería ser y la persona que se siente hoy en día es prácticamente nula.
Se ha convertido en una persona feliz, que logra apreciar la belleza en la simplicidad de las cosas, que intenta llevar una vida tranquila y que valora y mantiene como su máximo objetivo el gestar, desarrollar y dar el cuidado que se merecen a las relaciones que mantiene con las personas que lo rodean.


La persona, la imagen y el espejo.


El espejo refleja la imagen,


Y la imagen, la persona.


Unicidad, y belleza en las cosas.


:)

domingo, 7 de septiembre de 2008

El guardián solitario

Hay quienes están destinados a encontrar a una persona en sus vidas que los complementen, que los llenen de felicidad y armonía a quienes unos se imagina viviendo “felices para siempre” como nos enseñan (o engañan) los cuentos infantiles, las fábulas y las películas románticas.

Lamentablemente, otros, no.

Otros estamos destinados a tener un montón de personas que nos quieren, y a las cuales queremos, a tener amigos y amigas por los cuales uno daría todo sin restricciones y a quienes banca en todo, mas por ese privilegio dorado se nos priva completamente de la posibilidad de amar a una sola persona, a encontrar a ese “alguien” con quien compartir la vida y tener un "final feliz".

Otros, como dije, estamos destinados a vivir en soledad, y escribir melancólicamente cosas como esta escuchando temas de música que desgarrarían el corazón de cualquiera, tomando un café en medio de una noche lluviosa.
Así es como yo, un domingo, a las 7:35 de la mañana me siento y me encuentro. Solo, en mi departamento, sin nadie a quien abrazar, sin nadie a quien sonreírle o siquiera llamar. Sin nadie a quien siquiera prepararle un desayuno.

Se me ha privado de la monogamia sentimental y, por ende, de tener a esa simple personita con quien sentarme tranquilo a ver el mundo dar vueltas.
Existen, por lo pronto, encuentros casuales con personas, una salida, un beso, un abrazo, un par de vueltas en algunas camas, mas nunca he sabido lo que se siente dormir junto a alguien, nunca me he detenido a escuchar suavemente los latidos de un corazón ni he disfrutado una caminata tomado de la mano de alguien.

Yo, que tanto me lleno la boca con la palabra “amor”, sobre la cual varias veces he escrito, soy probablemente la persona menos indicada para hablar o escribir sobre el tema, al menos en la forma en que lo he hecho antes. Sí, conozco al amor, pero no en la forma que me gustaría conocerlo. Conozco el amor por un amigo, el amor por las cosas cotidianas, el amor por una buena obra de arte o el amor por ver las flores embellecer tiernamente la primavera, mas no el amor que surge entre dos personas que quieren compartirse mutuamente en todos los aspectos.

Todo esto es algo que he sabido, algo de lo cual hace tiempo terminé por darme cuenta, de una forma u otra, y es algo con lo cual, a mi manera, he hecho las paces. Como dije antes, algunos están destinados a encontrar el amor de esta manera y otros, bueno…. otros sencillamente no corremos la misma suerte.

Sólo me resta nadar plácidamente en un mar de emociones, y dar la cara al sol indefinidamente, con una sonrisa en la cara, llenándome de alegría al ver a mis compañeros del alma felices, nadar junto a ellos mientras me sea posible, e intentar asistirlos cada vez que requieran mi ayuda.

Mi vida no me pertenece.

El tiempo que me ha sido dado no verá el amor unívoco de otra persona.

Soy como el guardián que debe permitir a las cosas fluir naturalmente.

El guardián que, solitario, debe observar detenida y profundamente el mundo que lo rodea.

Soy como aquel de corazón compartimentado, incapaz de entregárselo a una sola persona.

Y así permaneceré, sentado y solitario, hasta que llegue mi momento de partir.

Mi vida no me pertenece,

Y mis sentimientos reclaman un abrazo.

:)