martes, 12 de agosto de 2008

Simposio de ambrosía

“… la tenue y amarillenta luz de su departamento iluminaba su cara de una manera extraña, antinatural. Sentado en su silla cómoda, con la laptop enfrente, saboreando un vaso de pepsi ya algo tibia, se dispuso a hacer algo que le proporciona mucho placer: escribir.
Se puso a pensar cuánto tiempo la escritura lo ha acompañado, y las sensaciones que han escurrido en su alma sus diversas obras escritas y las tantas ya que han permanecido inconclusas.

Desde que tengo memoria de esto que los humanos llamamos razón, he amado la belleza que representa una oración bien armada o más aún, las sensaciones que puede llegar a transmitir o inducir por más que carezca de perfección alguna. Hace ya unos 16 años que aprendí a leer y a escribir, y recuerdo tardes solitarias de mi infancia, con lápiz y crayón en mano, escribiendo cuentos de una o dos páginas que leía por las noches a mis padres. El crayón, claro está, era para adornar mediante algún dibujo representativo la portada y el título del cuento.

Les agradezco a aquellos que han permitido que yo sea hoy lo que soy el énfasis y el estímulo que mostraban cuando yo, apenas sabiendo leer y escribir, montaba historias breves para contarles. Eso permitió que este gusto adquirido por la lectura y la escritura, con el tiempo, se convirtiera en parte indisoluble de mi persona.
Con una sonrisa en la cara recuerdo títulos como “La galletita mágica” o “Los caballeros y la última cruzada” o más aún “La piedra que quería hablar”. :)
Sé que estos títulos no suponen nada para ustedes, pero sepan que en mí despiertan un sinfín de emociones y recuerdos que me alegra de tenerlos a ustedes como mis lectores el día de hoy.
Siempre me gustó escribir, trenzar hilos y cuerdas de imaginación ilimitada y transmitir a través de las figuras resultantes y palabras enlazadas emociones que alguna vez fueron mías. Será, quizás, una especie de legado, una marca. Más aún, estoy contento de haber reactivado mediante este blog esas sensaciones. Pues, debo admitir, esto de escribir no siempre fue una constante en mi vida.

Tuve mis épocas de desahucio literario, sequía creativa y posposición de proyectos. Hay un libro que me debo, una historia fantástica y épica que en mi cabeza está completamente relatada, y que no creo alguna vez saldar. Pero, más allá de eso, es esa conexión, esa mente creativa, la que hoy se siente nuevamente estimulada, ya no por sus padres o conocidos, sino por su propia retroalimentación y, claro está, para transmitir a sus lectores cosas que crea significativas decir.
Volviendo a los recuerdos, siento ahora calidez al recordar un taller literario del cual formé parte, y en el cual reencontré a un amigo de la infancia que hoy día es una de las personitas que más cerca siento en la inmensidad y soledad que acarrea la vida.

Ya no se trata sólo de tejer palabras y mostrar cosas hermosas, sino de entretejer amistades y relaciones que produzcan alguna especie de sentimiento.
Antes escribí sobre cómo dolía extrañar las ilusiones (acá) Pues sí, es cierto. Pero de buen grado he aprendido a mirar con una sonrisa lo que fui, a no reprochar mi forma de ser y a vivir sencillamente, sin añadir complicaciones a esta existencia que de por sí tiene sus vueltas raras.
La sonrisa cálida, por suerte, no me ha abandonado. Llegarán momentos de mayor o menor oscuridad sentimental, de eso estoy seguro, pero servirán sólo para que me alegre con mayor intensidad cuando otro momento como este que estoy viviendo se cruce en mi camino.

La vida, los recuerdos.

Lo escrito, lo expresado.

Lo dicho, lo silenciado.

Soy quien soy, y estoy agradecido de haber podido ver lo poco que he visto de este mundo, y de haber compartido con quienes he compartido.
La vida, las decisiones.

Lo que queda por escribir, por expresar.

Lo que queda por decir, lo que no volveré a silenciar.

Esta cosa que los humanos llamamos “vivir”, cosa extraña en realidad. Pero, ¡carajo que está bueno!
:)
… y habiendo concluido este simposio de ambrosía y buenas emociones, con una tenue mas indisoluble sonrisa, el escritor se dispone a finalizar este escrito, esperando que sus palabras transmitan una infinitésima parte de lo que para él significan…”

martes, 5 de agosto de 2008

Primavera en medio del invierno

"...la lluvia apagó las llamas danzantes en su efervescencia interna. Su llanto se fundió con el ambiente y ríos de tristeza finalmente se embarcaron hacia un final temprano. El sol asomó su cara, como lo haría cualquier otro día y, sin embargo, él sabía que aquel día no era como cualquier otro. O quizá sí. Pero al menos él se sentía diferente.
Se sentía como si se hubiese recobrado de alguna enfermedad, y, convaleciente aún por los malos momentos, comenzó su día ordinario.
La rutina, el desorden, la vida.
Se alzó, con una sonrisa en la cara abrió las ventanas de su cuarto y permitió que la luz del sol iluminase fuertemente su cara. Los ojos cerrados, apreciando ese hermoso color naranja rojizo que se forma en la mente al dar la cara al sol. Inmóvil, sus brazos extendidos, sus manos agarrando la ventana.
Una frase de una canción que le gusta mucho se le vino a la mente: "Let mercy come and wash away what I've done".
Repitiendo esa frase, cerró la ventana, abrió los ojos y se dirigió a desayunar, lavarse los dientes y emprender el resto del día.
Y sí, fue su primavera en medio de un invierno cruel. El frío nunca más pudo penetrar en su cálida sonrisa. O al menos, todavía no ha logrado desmerecer su felicidad.
Si se mantiene o no, aún está por verse..."