sábado, 26 de julio de 2008

Cuando?

Y por que? y cómo?
Tengo ganas de llorar esta noche.
Hacía mucho que no me sucedía esto.
Ganas de llorar, por llorar.
No siento nada, estoy entumecido.
Las lágrimas vendrán y se irán.
Las danzantes lenguas flamígeras azotan mi pecho.
Y yo permaneceré.

sábado, 12 de julio de 2008

El que nunca duerme

Yo no sé mucho de la vida. No se mucho de nada, en realidad. Por lo cual, cualquiera que lea estas palabras probablemente no les merezca mucha importancia o sentido. Pero justo eso es lo que son para este humilde y pequeño ser que las escribe, un sentido, una manera de expresar una idea o una emoción que alguna vez se cruzó por su camino.

No he vivido muchas cosas, nunca me enamoré realmente, o al menos nunca fui correspondido en ninguno de mis tantos idilios unilaterales imaginarios. No he vivido experiencias demasiado intensas, pero hasta ahora he tenido una vida tranquila, aunque demasiado tranquila, quizás.

La búsqueda del super-yo, la idea de llegar a convertirse en aquella persona que por sobre todo queremos ser, es probablemente uno de los motivos de mi lucha diaria. Como un animal enjaulado que quiere romper con las ataduras de su cautiverio, el ideal de convertirnos en la mejor persona posible que podemos llegar a ser nos motiva, nos mueve, nos frustra. Porque así como los animales con el tiempo se acostumbran y se dejan domar por un tierno y cómodo cautiverio, el fuego que nos mueve a buscar nuestra mejor parte suele adormecerse por un tiempo indefinido, hasta que nos muerde sorpresivamente.

Con el tiempo las ideas cambian, las personas también. Lo que era una amistad íntima en el pasado se convierte en una frívola cordialidad en el presente, y los amores del presente suelen destrozarse y hundirse en mares de lágrimas o incomodidades pertrechas. Pero, sin embargo, de alguna forma siempre buscamos mejorarnos. Ser más lindos, más flacos, más indiferentes a la estética, más intelectuales, más profundos, más sentimentales, y un infinito de etcéteras que llenarán la lista de cada uno.

Todos tenemos esa personita ahí, dentro nuestro, esperando por salir. Es el que nunca duerme, el que espera, silencioso, para morder. Es el que se aferra a las ilusiones, el que las crea para distraer nuestra mente. Es el que vive en un mundo paralelo, mejor, y más colorido, tal cual como muestran las películas. Es el que es cursi, el que es cruel, el que se siente solo.

En mi caso, y con esto volvemos a la insignificancia que tienen mis palabras ante un mundo cuya vastedad ni siquiera llego a comprender del todo todavía, en mi caso, he aprendido a escuchar cada tanto los leves susurros de mi vigilante. He intentado, de alguna forma, fusionarme con su mente, es decir, repatriarlo hacia la mía, donde pertenece. Y en este momento, este viernes a las 3 menos diez de la madrugada, me pide amor.

Amor que me es externo, amor que no le puedo dar, amor que no depende de mí darle. Pide por una caricia, por un beso, un abrazo y una intimidad compartida. El susurro pasa a ser un grito y las grietas del corazón se abren, pues tanto el suyo como el mío han sido rotos demasiadas veces. Las ilusiones lastiman, y sin embargo son un mecanismo que muchos de ustedes también tendrán, una especie de espejismo en el que tenemos fe que en algún momento nos llevará hacia un verdadero oasis.

Me pide que deje de ilusionarme, que no me aferre más a las mentiras que él me presenta. Me dice que le destruya o lo doblegue a mi voluntad. Pero ciertamente, no puedo vivir sin él y tampoco podría doblegarle. Su independencia de mi voluntad ha llegado al punto de presentarme alternativas de vidas enteras, sueños basados en un encuentro efímero con alguna persona o situación. Vidas he vivido en su mente que he llegado a extrañar.

Las ilusiones, como dije, lastiman.

El que no duerme desea un descanso, quiere dormir plácidamente en su seno, y dejarme a mi libertad. No desea ya romper con su cautiverio, pues ha aprendido a quererlo. Mas, me es obvio, quiere abandonarme a mí a mi suerte.

Por esto, le estoy agradecido. No más ilusiones. No más mentiras ni vidas posibles, tan sólo la cruda realidad. Me pregunto, quizá, si tras largo tiempo de protegerme de ella con este caparazón impenetrable, lograré soportarla.

Porque en este momento, les cuento, solo ya y a mi suerte, extraño las ilusiones. Extraño la cámara lenta y las mariposas. Extraño todo aquello que todavía no he tenido, y deseo con ansias escuchar un sí de labios que todavía me son extraños.

La soledad no es mala, vale aclararlo. Con el tiempo he aprendido a vivir con ella y sentirme bien en lo que ya para mí es natural, mas siempre queda algo inconcluso, algo por hacer, alguien con quien compartir. Ahora que he logrado ser yo mismo en la soledad, y no sentirme como un niño desamparado bajo la lluvia de invierno, me siento listo para todo lo que esté por venir.

Pero de alguna forma, creo que sin darme cuenta he sido yo el que se ha quedado enjaulado, esperando.

La espera bajo la lluvia mojada duele. Las palabras y los sentidos que nunca llegan ya de por sí se extrañan.

Las ilusiones, duelen.

Pero más me duele extrañarlas.

viernes, 4 de julio de 2008

And then, that little something...

... that takes you down. No matter what.
:(

That little something...

...that makes you feel better.
:)