sábado, 26 de abril de 2008

Felicidad en el caos

“…La implicancia en sus acciones pasaba desapercibida. La luz nocturna de la luna otoñal iluminaba su oscuro pelo mientras emprendía la retirada a su solitario espacio. Las luminosas y oscuras realidades se interconectaban, los mundos se abrían paso a través de él cual flujo macabro de iridiscencia cegadora.
Así, buscó su centro, meditando en medio del cosmos caótico, con sus ojos cerrados.
Ahí dentro, en ese tiempo inconexo y esa realidad alterada, él encontraba felicidad. Abrupta, impensada e implacable. Junto a él se formaban imágenes de momentos etéreos perdidos en una realidad alterna, posibilidades descartadas de su presente (…)
(…)Vio a las parejas de enamorados que se abrazaban y cotejaban miradas llenas de complicidad; vio en el accionar de las demás personas ya no desesperación, sino esperanza.
Deseó una especie de suspiro, un aliento matutino que le despertase. Un abrazo y una caricia del ser amado junto a él. Un beso, una sonrisa.
Mas ese despertar no acaecía. Se dirigió y se sentó junto a un desamparado en la calle, compartió un par de tragos de una bebida rancia y se abrazó a sí mismo. Deseó perderse en ese abrazo, sentir cómo el vacío se llenaba de la robustez de un cuerpo amigo, el sentimiento, la acción, el palpitar. Su nerviosismo incesante se había convertido en una nueva paranoia gutural: percepciones alteradas comenzaron a gestarse libremente, haciéndole perder todo sentido de la realidad.
Se perdió, se perdió como nunca antes lo había hecho(...)
(...)Buscaba lo que en verdad ya había encontrado.
Cual catarsis sentimental, comenzó a correr en medio de un reencontrado desenfreno liberal.
Llegó entonces a un lugar compartido, un lugar donde su persona querida había pasado y volvería a pasar. Esperó entonces en medio de su confusión existencial la llegada, la luz, las mariposas. Esperó y esperó: el tiempo relativo de su percepción presente le jugó un par de malas pasadas, y vio cómo las estaciones cambiaban en un santiamén.
Su conexión, su amor lo mantenía con vida. Llegó la primavera(…)
(…)Un “te amo” puede ser algo igualmente luminoso como oscuro si la situación no es correcta; un “te quiero” puede ser confuso y no alcanzar completamente a describir los sentimientos…”


…What you see is what you get….

lunes, 21 de abril de 2008

Tus alas


We loved so many, yet hated so much,
We hurt others and were hurt ourselves
Yet even then, we ran like the wind,
Whilst our laughter echoed, under Cerulean skies...

Tus etéreas alas abren esta semana.

martes, 15 de abril de 2008

Expectativas

La incesante y vertiginosa necesidad de encontrar un igual, un par, un compañero en la vastedad de las posibilidades que nos presenta nuestra existencia tiende a abrumarnos. Entonces nos encerramos, entonces somos tímidos, o contrariamente, somos liberales y desenfrenados. No existe un término medio en este tema. O se es lo uno, o se es lo otro.
La vida es muy sencilla, en realidad. Uno nace bajo el cuidado (o no) de personas que lo quieren, que le ayudan a crecer lentamente y lo entrenan a uno en las mentiras y verdades que a ellos les fueron enseñadas de manera dogmática. Están ahí, por un tiempo, intentando por lo general atenuar los golpes que el resto del mundo dirige hacia nosotros. En cierto sentido, no abandonamos la cálida comodidad del vientre hasta muy avanzada nuestra vida. Lo cual, en parte, es placentero, pues no nos vemos obligados a enfrentarnos cara a cara con aquellas cosas que nuestros guardianes consideran que pueden llegar a hacernos daño, pero por el otro lado, nos limita, nos genera barreras que más adelante se convierten en invisibles trabas de nuestro pensamiento. Se convierten, lenta e imperceptiblemente, en nuestro dogma.
La vida es muy sencilla, como decía antes; somos nosotros quienes buscamos hacerla más compleja, tan sólo por un sentimiento de inferioridad: cuando damos cuenta que somos tal cual una hormiga pequeña que camina sin rumbo, perdida de la comodidad de su hormiguero, es el momento en el cual comenzamos a buscarle sentido a nuestra existencia, pues claro está, debemos ser la forma de existencia más importante del mundo. Entonces nos complicamos, centramos nuestras vidas a través de un ansia y un flujo emocional que nos atormenta, necesitamos encontrar respuestas a preguntas que no hemos terminado de formularnos y un sentido al hecho de que algo o alguien (o como fuese que sucedió) hizo posible la existencia de un ser tan “perfecto” como el hombre.
Con el tiempo los cuestionamientos cesan, el fuego en el tinte de nuestra voz se va convirtiendo en una sombra, en un discurso armado y aburrido, un dogma cuya tradición acarrea miles y miles de años, con algunas pequeñas modificaciones en el medio.
Lo cierto es, tanto en estas palabras como en las sensaciones que despierte en cualquiera que las lea, que el hombre sencillamente, por su retorcida y mancillada forma de existir no encuentra placer sino en las complicaciones. Los idilios, las mentiras, el desenfreno, el dolor, el amor, la amistad, todas y cada una representan el sentido de la vida para el hombre, se de cuenta él o ella de esto o no. El placer es lo que nos motiva: cada acción (por más Freudiano que parezca este párrafo), cada impulso eléctrico que llega a nuestro cerebro es parte de un complejo mecanismo de reloj, con engranajes discordantes y notas perfectas que nos motiva a buscar el placer. Porque sin él, no somos nada. Porque sin él, dejamos de verle sentido al hecho de estar vivos.
Y es así, nos guste o no. Todos necesitamos o queremos bienestar a través de diferentes placeres. El masoquista no es distinto del emo, el gay no es distinto del hetero, y ciertamente, en esto al menos, los hombres no somos distintos de las mujeres.
No hay verdades existenciales, no hay marcianos ni duendes. Estamos nosotros, acá, planteando realidades cada cual por su cuenta, y la vastedad que no llegaremos a conocer del universo.
¿Hay vida más allá de la muerte? ¿Existe vida en otros planetas?, no lo sé, tan sólo puedo decir que hay tantas preguntas como respuestas. Cada persona tendrá su pregunta al llegar su momento de partir, y cada cual obtendrá una respuesta diferente. Similares, quizá, pero nunca iguales. Nunca pueden dos personas pensar exactamente igual, sentir exactamente igual, pues dos personas jamás podrán ser una sola. Y es por esto, y exclusivamente por esto, que jamás podremos tener paz en nuestro mundo, ni felicidad generalizada, ni desapego por aquello que nos sostiene.
Cada cual a lo suyo, cada cual con su vida por vivir.
Estamos solos, estamos juntos.
Estamos.
Ergo, vivimos.
Ergo, disfrutamos.
Ad infinitum.
Las posibilidades no tienen fin, las conexiones humanas tampoco. Siempre estará esa etérea barrera que impedirá a dos personas fusionarse, esa “realidad” que se interpone. Y sin embargo, quizá sea la acción humana más pura y compleja, más constructiva, didáctica y confusa que podamos realizar: interiorizar en el otro.
Sentir un abrazo, generar una sonrisa, dar un beso, perderse en la mirada, sentir deseos de arrancarle la ropa, de comerle la boca y terminar la noche durmiendo en la misma cama, compartiendo pequeños detalles de la vida, juntos.
Juntos
Y no solos.
¿Qué más se puede pedir?

viernes, 11 de abril de 2008

Aún solo


Desearía que mi abrazo tuviese alguien más que el vacío que existe entre mis manos y mis brazos.
Desearía que estuvieses vos en él.

lunes, 7 de abril de 2008

Matrioska




Éramos chicos, éramos pequeños. Éramos niños. El mundo nos esperaba con todas sus facetas, con los brazos abiertos y las encías sangrantes. Buscábamos un tenue abrazo, una dulce caricia, un caramelo, una sonrisa. Eran momentos de una inigualable inocencia, y una terrible ansiedad.

Con el tiempo la voracidad por el aprendizaje, por las preguntas, por el deseo y el apego, se esfumaron lenta y dolorosamente.

Éramos jóvenes, éramos pudorosos. Éramos adolescentes. Ya el mundo no se nos mostraba tan alegre, ya las sonrisas poseían un doble sentido. El mundo nos lloraba y sus manos tersas y puntiagudas abofeteaban incesantemente nuestro demacrado rostro. Buscábamos un dulce lugar, una terrible muerte, un momento de felicidad. Eran momentos de desesperación y maliciosa soledad.

Con el tiempo aprendimos a estar solos, y en la soledad, buscar compañía. Siempre quisimos avivar nuevamente nuestra etapa anterior. Siempre quisimos abandonar la libertad ante comodidades inocuas, terriblemente seductoras.

Ya no éramos jóvenes, ni pequeños, ni chicos, ni pudorosos. Éramos grandes, éramos vacíos. Éramos adultos. El mundo había desaparecido, ya ni las sonrisas ni las caricias podían atenuar el dolor. Ese dolor, esa falta, un vacío enorme en el cual no había cabida para el niño, para el adolescente. El mundo, invisible, nos miraba y nos penetraba suave, lenta, y permanentemente con su impuesto sentido de original "verdad". Eran momentos de senectud, de entrega y resignación. Ya el mundo nos había sido mostrado, y ya él no nos quería más ahí.

Es entonces cuando cesamos de ser niños, cesamos de ser adultos, sencillamente cesamos de ser.

Un recuerdo, un olvido, una marca electromagnética en la resonancia sinfín de este mundo.

Y aún así, aquí estamos. Aquí estaremos y, obviamente, aquí estuvimos.

La felicidad es probablemente el sentimiento más difícil, desenfrenado y retorcido que se pueda sentir y, sin embargo, cada tanto, llena ese vacío que se siente siempre.

Y nos hace bien, y nos destruye. Disfrutarlo cuando está es lo más difícil, pues siempre buscamos aferrarnos a ella, incluso cuando ella ya no nos quiere.

Si hay algo que he aprendido, si hay algo que quiero transmitir, es una breve ecuacion:

Disfrutar=Vivir.

Cada cual lo hace a su manera. Y claro está, el sufrimiento existe, y lo sentimos. Pero sufrir no es vivir, es lo contrario. Y sí, por contrariado que parezca este pensamiento, hay lapsos de tiempo de nuestra existencia en la cual estamos MUERTOS, y nuestra vida sigue, perdida, en otro lado, hasta que encontramos nuevamente los pequeños pedacitos de alma que esparcimos durante ese tiempo.

Disfrutar, vivir. Valga la redundancia.

;)




domingo, 6 de abril de 2008

Tiempo de nuevas andanzas

Atrás quedaron los tiempos de penumbra. Aquí estamos, hoy y ahora ante un nuevo mundo que nos abraza y nos abofetea. Sí, "no importa cuánta oscuridad haya en este mundo, siempre la luz la barrerá", me dijo un amigo el otro día.
Ya no escribiré más historias de un "hombre pálido", pues admito, ahora que el tiempo ha pasado y mis sentimientos se han estabilizado aunque sea por el momento, que esa persona "imaginaria", "ilusoria", no era más que una tenue y sombría imagen de mi persona. La palidez ha sido exorcizada de su rostro, mas ahora se alberga en lo profundo de su alma, latente, amenazante.
Este espacio, virtual e intangible, es al menos una pequeña porción de una zona de mi alma. Estas palabras, cada palabra que he volcado acá han tenido como objetivo transmitir sensaciones, provocar emociones y penetrar aunque sea superficialmente, en aquellos que las lean.
Sepan, aquellos que todavía visitan este espacio (pues la verdad nunca fueron muchos), que el problema que estoy teniendo es un problema que a todas las personas les arremete tarde o temprano: sepan que estoy enamorado.
Sí, tan sencillo y pueril, tan cursi y destructor. Muchas de las "cosas" que he plasmado en este blog han sido provocadas por amor: un cruel y retorcido amor que no lleva a ninguna parte.
Pero aún así, acá estoy, retomando las riendas de este somñoliento espacio de mi alma, que promete resurgir.
Sepan, también, que aunque este amor que me arremete hace de mí cosas que jamás hubiese pensado, como un pequeño niño en busca de aceptación, de afecto y ternura. Una terrible imagen que se forma en mi mente cuando pienso en el ser amado. Y, también para develar este misterio, sepan que esta persona no está enamorada de mí.
La crueldad, oh, dulce dolor indisoluble que cual flecha envenenada penetra en lo profundo del corazón.
Miradas indiferentes, palabras sin sentido y reacciones maliciosas.
Sepan, que no sé que será de mí pero, por lo pronto, me presento ante ustedes, desnudo y sin pretenciones, simple y sin prejuicios.
Aquí estoy, Santiago, el que una vez fue la inspiración de un hombre pálido cuyas historias supieron encontrarse en este blog.
El nombre, lo mantendré, como un recordatorio de algo que fui y no volveré a ser.
Pero créanme, ya no soy Santiago, el hombre pálido.
Tan sólo soy yo.
Espero verlos nuevamente por acá. Espero que no haya sido suficiente el tiempo como para que aquellos que formaban parte de esto emprendieran una eterna retirada.
Volveré pronto. Estas líneas fueron una especie de obertura de lo que está por venir.
No se lo pierdan :).
Santiago