sábado, 29 de diciembre de 2007

Sabor amargo

"...la imagen ya vista, los recuerdos cíclicos que volvían para atormentarle. Todo estaba ahí, las partes de su vida que había dejado atrás, conexiones y sensaciones que le eran completamente ajenas volvían para abofetearle la cara. Pretextos y engaños, comodidad y aburrimiento. Las cadenas de la verdad eran una terrible carga, un pesar incontable que le destruía día a día.
Vio las caras convertirse en caretas, sintió la imperativa incidencia de las miradas extrañadas, consumiéndole, devorándole en su macabro festín. Sí. No había nada que él pudiese hacer a esa altura.
Aquello ya no era su vida. Por eso se sentía tan ajeno incluso en lugares donde normalmente uno se sentiría acogido, como en su propio lugar.
No. Esto ya no existía dentro de él. Extrañaba. Extrañaba su vida, la cual había abandonado durante un tiempo.
Se fue del lugar, sintiendo las vacías despedidas de quienes estaban con él en ese momento no afectarle en lo más mínimo. Se fue con un gusto amargo en la boca.
Estaba solo, y cansado. Solo, y con unas ganas terribles de abrazar a alguien.
Y solo, se abrazó a sí mismo. Y se fue.
Se fue pensando que durmiendo, quizá, o huyendo a tierras perdidas de héroes inimaginables, podría soportar el dolor. Soportar el estasis fenomenológico y emocional que le rodeaba.
Y entonces durmió, intranquilo, pensando en sí. Se durmió, en su abrazo.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Prohibido

"... una intensa tormenta veraniega estaba gestándose en su mente, y a su alrededor, señales de inminencia se manifestaban por doquier.
El olvido descubría conocimientos relegados, sensaciones puras que le hacían bien, y el implacable paso del tiempo.
Su necedad era casi virtuosa, una característica inherente de su ser. Su extensa capacidad para autodestruirse era quizá la razón por la cual se levantaba a las mañanas.
Era como un hombre que ha muerto mil veces y reencarnado en otra versión de sí mismo. Una disipasión de la memoria tenía lugar con cada muerte. Ya no recordaba quién había sido, tan sólo sabía quién era. O no, mejor aún, era como una vil serpiente que había cambiado de piel demasiadas veces como para recordar cuántas o porqué.
Una serpiente, sí, pero incluso fallaba en su desempeño y en su supervivencia. No era una serpiente común. Se negaba a escupir su veneno para lastimar o defenderse. Sentía así cómo se acumulaba en su interior, derriendo su (una vez hermosa, tenue e inocente) vitalidad. Era una víctima de su propia condición.
Era un solitario desterrado, un terrible anacroísmo para su tiempo, un error en el sistema divino (si es que siquiera existía algo así).
No había Eva a quien tentar, y un extenso árbol producía estacion tras estación centenares de frutos prohibidos. Mal gastados, desaprovechados, abandonados ante la inminente descomposición.
N o, no había Eva a quien persuadir, y Adán, por otro lado, le desdeñaba por completo. Él y ella estaban más allá de su alcance.
Sus intenciones siempre fueron malinterpretadas, siempre se le asoció a lo vicioso, macabro y perverso. Lo único morboso era su manera de sufrir, pues él tan sólo quería aquello que Adán y Eva siempre habían querido. Quería sentir el placer de un compañero a su lado. Necesitaba la caricia, el siseo de otro que le diera esperanzas. Necesitaba aquello que su condición le negaba.
No quería lastimar, ni ser lastimado.
Quería abandonar la comodidad que aquel lugar le proporcionaba, explorar el Edén junto a Adán o Eva de la mano. Quería transmutar en un animal hermoso al que no mirasen eternamente con edsdén. Añoraba por un beso.
Pero nadie nunca besaría a una serpiente (¿Nadie?)
El brillo en sus ojos y el incesante siseo melódico y renuente acabaría por llamar la atención de alguien. Y juntos, hallarían el placer exquisito que tanto hacía falta.
Entonces, continuó esperando, junto al árbool, consumiendo y siendo consumido por su propio veneno, esperando purgarse de él de alguna forma. Esperando a que alguien le besara.
¿Dónde estaban todos? ¿Dónde habían ido Adán y Eva?
La sensación de la inminente tormenta dejó paso al hecho en sí, y comenzó a llover. Llovió, llovió como nunca antes. La lluvia era como una bendición, como un llanto, un lamento celestial que le arrullaba. Gradualmente, sintió cómo con la lluvia el veneno era expulsado completamente de su cuerpo. Dejó que la lluvia limpiase su antiguo ser, y transmutó. Transmutó en un hombre pálido, de pelos oscuros y mirada perdida.
Adán y Eva se hallaban junto al árbol, sorprendidos, observándole. Se habían refugiado bajo el follaje, esperando a que la lluvia amainase.
Se levantó, cogió un fruto del árbol, lo mordió, y extendió su mano a Adán y a Eva, invitándoles a que comieran de él, con una mirada suspicaz, expectante..."

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Who would nourish from it?

domingo, 2 de diciembre de 2007

Llorando

"...la escena se desarrollaba con pronta obviedad. El hombre pálido, solitario, excuchaba una tierna melodía musical acompañada por palabras que le llegaban a lo más profundo. Escuchaba, solo, y llorando...

Yo estaba bien por un tiempo
volviendo a sonreír
Luego anoche te vi
tu mano me tocó
y el saludo de tu voz
Y hablé muy bien
y tú sin saber
que he estado
llorando por tu amor
llorando por tu amor
Luego de tu adiós
sentí todo mi dolor
Solo y llorando, llorando, llorando
No es fácil de entender
que al verte otra vez
yo esté llorando
Yo que pensé que te olvidé
pero es verdad, es la verdad
que te quiero aun más
mucho más que ayer
Dime tú que puedo hacer
¿No me quieres ya?
Y siempre estaré llorando por tu amor
llorando por tu amor
Tu amor se llevó
todo mi corazón
Y quedo llorando, llorando, llorando, llorando
por tu amor

...y así finalizó la canción, y el hombre pálido, lloró. Lloró y se abrazó a sí mismo, su amor le destruía.

- - - "This love I feel is a constant desease, a shroud of feelings I should never feel." N.S.L. - - -